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miércoles, 2 de enero de 2019

Que ocurre, Señor Blanc

Al señor Blanc le gusta que lo llamen por su apellido, sus dos nombres parecen ser la fehaciente prueba del desdén de sus padres.
Le gusta fumar mirando por una amplia ventana. A veces le parece chocante el contraste entre le verde jardín que tiene en frente y ese humo gris que emana de el.
Entrecierra los ojos y piensa que ese cigarro es como él; Gris, abrasivo, y carcome almas.
Después piensa en el producto de su tormento con Evelia; Maria, a quien no comprende.
Han pasado años desde que el ultimo golpe de deshumanizaron lo tomo por sorpresa , reemplazando su aficcion por la escultura, por una proporción considerable de botellas vacías y diarios secretos de Evelia.
Evelia enumeraba las razones por las cuales amaba a un tal Leonardo, y las razones por las cuales ese amor no era tan valioso como para entregar su estabilidad y el ultimo cacho de cordura que le quedaba. Evelia consideraba que el toxico cigarrillo de Blanc era mejor que una cajita de incertidumbre con cubierta de chocolate.
Blanc soplaba su resentimiento sobre el jardín de Maria, que miraba de vez en cuando a la ventana de su padre, topándose con su mirada esquiva. Él no parece dueño de ese lugar.
Parece un intruso.
Maria a veces pensaba invitarlo a ver las violetas, pero ambos sabia... Las flores y ella necesitaban algo más. Las pobres violetas morirían, tal como lo hizo Evelia.


Perséfone

Amarre

Amarre
Sus ganas de vivir se habían topado con un límite. Cuando se miraba en el espejo podía percibir cuánto peso había perdido y unas ojeras prominentes. Los demás no exageraban cuando le decían que estaba hecho huesos, que pronto se volvería polvo.
Todo ese enojo que le rebasaba el cuerpo no podía ser expresado porque simplemente no tenía energía.
Su vida se había transformado en un incierto mirando al techo, sin voluntad para buscar la luz. El tele siempre prendido generando ese ambiente azulado.
Cuando no pensaba en sus pocas ansias de vivir pensaba en Carla.
Por alguna razón se había arrepentido de dejarla atrás y continuar su vida con otra mujer.
Volvía a aquel portón despintado con sus iniciales de blanco y tocaba frenéticamente hasta que Carla le habría.
Cuando sus amigos lo alentaban a salir por ahí, terminaba de vuelta bajo un poste de luz titilando de amarillo y aquel portón despintado.
Carla lo recibía con sus brazos abiertos, pero notaba que últimamente su expresión se había ensombrecido, algo la preocupaba, y la alejaba de él.

Un día encontró un extraño atado debajo de su cama, tenia elementos tanto extraños como asquerosos. Decidió tirarlo a la basura.
Después buscó a Carla, le comentó de aquella cosa extraña, y mientras mirada el perfil de Carla algo perdido pensó e Alba.
Una angustia se apoderé de su pecho.
Sus ganas de vivir se habían topado con un limite. Cuando no pensaba en sus pocas ansias de vivir pensaba en Alba.

Perséfone

Final

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