El cepillo de dientes lo presiona contra el jabón , lo raspa como si fuera manteca. Tiene pasta de dientes, pero es una costumbre incorporada, tan hecha costra, tan hecha carne, tan hecha piel. Se mira al espejo.
El documental de Hutchence y sus últimos minutos de vida la hacen reflexionar sobre las distintas formas de amortiguar . De repente se reproduce sin su autorización una canción que no entiende. Supone que esta en ingles. No la entiende, pero si. Digamos, entiende que es de desamor, de celos, traición, una carta vieja escondida entre las cosas de él. Un pedazo de papel viejo con letra elaborada y con una aclaración importante: "Flaca, espérame con ese vestido campana rosa, el de los bordados de hilo blanco. Simplemente, me gusta el rosa. Simplemente me gustan las rosas.
Simplemente me gustas, Rosa"
"Flaca, ¿Es verdad?
Flaca, ya no mas "I love u"
Flaca, vos ya no más "love me".
Cuando sos una persona muy fácil de conmover, pero de orgullo tenaz, te escondés en rinconcitos sin revocar, donde hay ausencia de luz y lloras por canciones que no comprendes.
Arrastrando las pantuflas, sin ganas de cenar, se acerca al calendario que cuelga del clavo flojo en la cocina. Ha llegado el día de usar un vestido rosa, uno campana plato, para decir:
"Dear Juan, you crazy Bastard, i really loved you".
Juliett
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miércoles, 2 de enero de 2019
Que ocurre, Señor Blanc
Al señor Blanc le gusta que lo llamen por su apellido, sus dos nombres parecen ser la fehaciente prueba del desdén de sus padres.
Le gusta fumar mirando por una amplia ventana. A veces le parece chocante el contraste entre le verde jardín que tiene en frente y ese humo gris que emana de el.
Entrecierra los ojos y piensa que ese cigarro es como él; Gris, abrasivo, y carcome almas.
Después piensa en el producto de su tormento con Evelia; Maria, a quien no comprende.
Han pasado años desde que el ultimo golpe de deshumanizaron lo tomo por sorpresa , reemplazando su aficcion por la escultura, por una proporción considerable de botellas vacías y diarios secretos de Evelia.
Evelia enumeraba las razones por las cuales amaba a un tal Leonardo, y las razones por las cuales ese amor no era tan valioso como para entregar su estabilidad y el ultimo cacho de cordura que le quedaba. Evelia consideraba que el toxico cigarrillo de Blanc era mejor que una cajita de incertidumbre con cubierta de chocolate.
Blanc soplaba su resentimiento sobre el jardín de Maria, que miraba de vez en cuando a la ventana de su padre, topándose con su mirada esquiva. Él no parece dueño de ese lugar.
Parece un intruso.
Maria a veces pensaba invitarlo a ver las violetas, pero ambos sabia... Las flores y ella necesitaban algo más. Las pobres violetas morirían, tal como lo hizo Evelia.
Perséfone
Le gusta fumar mirando por una amplia ventana. A veces le parece chocante el contraste entre le verde jardín que tiene en frente y ese humo gris que emana de el.
Entrecierra los ojos y piensa que ese cigarro es como él; Gris, abrasivo, y carcome almas.
Después piensa en el producto de su tormento con Evelia; Maria, a quien no comprende.
Han pasado años desde que el ultimo golpe de deshumanizaron lo tomo por sorpresa , reemplazando su aficcion por la escultura, por una proporción considerable de botellas vacías y diarios secretos de Evelia.
Evelia enumeraba las razones por las cuales amaba a un tal Leonardo, y las razones por las cuales ese amor no era tan valioso como para entregar su estabilidad y el ultimo cacho de cordura que le quedaba. Evelia consideraba que el toxico cigarrillo de Blanc era mejor que una cajita de incertidumbre con cubierta de chocolate.
Blanc soplaba su resentimiento sobre el jardín de Maria, que miraba de vez en cuando a la ventana de su padre, topándose con su mirada esquiva. Él no parece dueño de ese lugar.
Parece un intruso.
Maria a veces pensaba invitarlo a ver las violetas, pero ambos sabia... Las flores y ella necesitaban algo más. Las pobres violetas morirían, tal como lo hizo Evelia.
Perséfone
Marcos quiere ser Orquesta
Una hoja no leída de un libro no comprado, el reemplazo de letras por imágenes en movimiento y el spoiler de un momento de su vida.
Convencido de que está hecho para algo más en la vida que dedicarse a ser un académico viviendo en su cajita de cartón.
“Oceans rises empires falls”, suena en su tablet asentada en la gran mesa cuadrada obediente conforme a los códigos de protocolo empresarial.
El café amargo al lado, más azúcar, necesita más azúcar.
Y el no va a dejar de lado su oportunidad, su shot, su shoot. Al blanco, circulito rojo y blanco.
Y hay una sensación de cambio en el aire en la calle.
Hay revolución alrededor? Es hora de elegir un lado. El que más le acomode, y que le aproveche.
¿Como un hombre obsesionado con su propio legado puede ser buena persona? En efecto el no lo es. Por eso le gusta la obra musical Hamilton, de Manuel Miranda. El grado de identificación con la insatisfacción ha llegado a su clímax.
El orden de prioridades es subjetivo, está sujeto a cada realidad. Por cada realidad hay un universo alterno.
Quizás todo pasó cuando le dijeron que su voz era solo era sonido de fondo. Ni siquiera musicalización.
Marcos quiere ser orquesta.
Perséfone.
Perséfone.
Cartas a Carlos
Guantes blancos
Tacón chupete, moños exuberantes.
Él venía de brasil. Era infantil e impresionable.
Que pestañas tan largas, ojos miel. Que tan ingenuo eras y que tan pícaro fingías ser.
No pretendía ser experimentada, solo había leído en teoría, había observado maneras de querer.
No eres mi prioridad,no espero a que vuelvas a la misma hora. No me la paso sentada tratando de estudiar, mientras nos escapábamos por el centro y a dar vueltas en los colectivos en mi imaginación mil veces.
Los caramelos violeta que me trajiste de tu viaje a Francia los como de a pedazos pequeños, porque no quiero que desaparezcan, porque no me diste alguna otra cosa para que te recordase.
Tres meses se hacen un infierno.
Viendo que no piensas volver todavía te cuento que me accidente hoy en el laboratorio. Tengo que esperarte en la estación a las 7 el día 12 de octubre, entonces.
No estoy ansiosa, no te pienses importante.
Yo puedo sola, me gusta estar sola.
Pero si puedo decirte que acá los jazmines del cielo huelen fantástico y está como para recoger naranjas en la finca de Cristina.
Carta 1
Se que te dije que me regalaras otra cosa, pero una cajita musical con la pieza “Para Elisa” no es muy original, Carlos.
Hoy voy al club; realmente cuando te conocí perdí los ánimos de hacer sociales, cacho me regaló un vestido de moda, dice que se usan en Francia.
Pienso que mi altura no me favorece, es bueno que seas mucho más alto que yo, así no me avergüenzo de usar tacos al lado tuyo.
Los delantales son tan sosos, pero me ayudan a no pensar mucho que usar a diario.
Los estudios son tan tediosos como necesarios.
Creo que empiezo a tenerle cariño a la melodía de Beethoven, quizás soy demasiado dura dando mi opinión, joder, soy demasiado sincera, no puedo evitarlo Carlos. Pero es que hay cosas que se tornan cliché con el pasar de los años.
Carta 2
Creí verte hoy por ciudad universitaria, me dio un vuelco al corazón y después racionalice las posibilidades de que estuvieras por acá, eran nulas.
¿Todavía estás negociando con tus hermanos? Te queda poco para recibirte.
Te envidio en parte, yo tengo que ver de donde saco todos los aparatos de la carrera que elegí.
Estuve pensando ir a brasil para hacer unas mini vacaciones sin contarle claro a mi mamá.
Como quieres que te quiera, si no estas aquí, como quieres que te quiera si ni te das a mi.
Y mi corazón me grita, me aprisiona sin querer
Como quieras que te quiera si no te tengo aquí, como quieres que te quiera tan lejos ya de mi.
Estos días ando aficionada al flamenco, me cambié de departamento, ya no puedo compartir con Sandra, sinceramente la quiero pero chocamos bastante.
Yo viviré, cantando las estrellas por el día que
Yo, yo, soñaré, que la vida me entrega lo que tuve ayer.
Este tercer mes se está haciendo insoportable.
Se que mi personalidad no me lo permite, y te confieso que es la primera vez que me pasa.
Pero necesito ver tu cara, Carlos.
Carta 3
Me dio risa la cara de cielo cuando le dije que también me gustaba Juan, pero eso ya es pasado, Ahora estás vos en mi vida, ¿No? Ya veremos por cuanto tiempo.
Confío que Cielo no le va a contar nada a mi mamá, ella esta de mi lado desde el momento cero, hasta vino aquí para acompañarme y vio mi forma de vida, aunque ella no está de acuerdo claro, me ayuda. Peor vos viste, te conté como era cielo, mustia, calmada, sumisa y apegada a doctrinas morales en desuso.
Aún así confío en la capacidad de Cielo de quedarse callada.
Continua.
Perséfone
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Final
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