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miércoles, 2 de enero de 2019

Sobre Rosa: No hay Rosas para Rosa

El cepillo de dientes lo presiona contra el jabón , lo raspa como si fuera manteca. Tiene pasta de dientes, pero es una costumbre incorporada, tan hecha costra, tan hecha carne, tan hecha piel. Se mira al espejo.
El documental de Hutchence y sus últimos minutos de vida la hacen reflexionar sobre las distintas formas de amortiguar . De repente se reproduce sin su autorización una canción que no entiende. Supone que esta en ingles. No la entiende, pero si. Digamos, entiende que es de desamor, de celos, traición, una carta vieja escondida entre las cosas de él. Un pedazo de papel viejo con letra elaborada y con una aclaración importante: "Flaca, espérame con ese vestido campana rosa, el de los bordados de hilo blanco. Simplemente, me gusta el rosa. Simplemente me gustan las rosas.
Simplemente me gustas, Rosa"
"Flaca, ¿Es verdad?
Flaca, ya no mas "I love u"
Flaca, vos ya no más "love me".
Cuando sos una persona muy fácil de conmover, pero de orgullo tenaz, te escondés en rinconcitos sin revocar, donde hay ausencia de luz y lloras por canciones que no comprendes.
Arrastrando las pantuflas, sin ganas de cenar, se acerca al calendario que cuelga del clavo flojo en la cocina. Ha llegado el día de usar un vestido rosa, uno campana plato, para decir:
"Dear Juan, you crazy Bastard, i really loved you".


Juliett

Que ocurre, Señor Blanc

Al señor Blanc le gusta que lo llamen por su apellido, sus dos nombres parecen ser la fehaciente prueba del desdén de sus padres.
Le gusta fumar mirando por una amplia ventana. A veces le parece chocante el contraste entre le verde jardín que tiene en frente y ese humo gris que emana de el.
Entrecierra los ojos y piensa que ese cigarro es como él; Gris, abrasivo, y carcome almas.
Después piensa en el producto de su tormento con Evelia; Maria, a quien no comprende.
Han pasado años desde que el ultimo golpe de deshumanizaron lo tomo por sorpresa , reemplazando su aficcion por la escultura, por una proporción considerable de botellas vacías y diarios secretos de Evelia.
Evelia enumeraba las razones por las cuales amaba a un tal Leonardo, y las razones por las cuales ese amor no era tan valioso como para entregar su estabilidad y el ultimo cacho de cordura que le quedaba. Evelia consideraba que el toxico cigarrillo de Blanc era mejor que una cajita de incertidumbre con cubierta de chocolate.
Blanc soplaba su resentimiento sobre el jardín de Maria, que miraba de vez en cuando a la ventana de su padre, topándose con su mirada esquiva. Él no parece dueño de ese lugar.
Parece un intruso.
Maria a veces pensaba invitarlo a ver las violetas, pero ambos sabia... Las flores y ella necesitaban algo más. Las pobres violetas morirían, tal como lo hizo Evelia.


Perséfone

Mitología aplicada a la actualidad: Sociedad de medusas

Una sociedad de Medusas.
Medusa en la mitología griega era una sacerdotisa que fue violada por Poseidón en el templo de Atenea.
La castigada fue ella, la culpa fue de ella. La convirtieron en un monstruo, la condenaron a vivir recluida, convirtiendo en piedra a todo aquel que la mirara. La misma Atenea se desquitó con ella por deshonrar su templo.
Pero el héroe fue Perseo, que le cortó la cabeza, demostrando su valía.
Es increíble, los mitos fueron escritos hace tantos años, pero esa metáfora de ser despojada hasta de tu alma sigue vigente.
Pasan años hasta que podés reconstruir de a fragmentos tu vida. Fantasmas que te persiguen cuando querés vivir una relación en pareja normal, cuando no podés explicarle a la persona que amás que no podés, que duele, que sangra, que angustia. Que el llanto, que el escalofrío, que el temblor. Que estás loca, que no sos normal, que pasó hace tanto tiempo.
¡Tiempo! ¡Cuando te arrebataron la sensación de las horas! Cuando ese día murió algo en vos. Te convertiste en un monstruo que quiere vivir en soledad, con el pelo de serpientes, con la mirada de piedra.
La culpa de haber "tentado" al tipo, de no haber reaccionado con más fuerza, de no haber podido sacar tu grito ahogado.
De no haber ayudado al contexto, de no ser el típico prototipo al que le deben creer.
La empatía es un sentimiento de privilegiados.
El culpable es Poseidón, el "intocable" Poseidón.
La víctima fue, es y será siempre Medusa.



Perséfone.

Todo lo que quiero, mientras te quiero

Quiero comentarte mis infortunios, cuando tambaleo en la cuerda de lo dionisíaco.
Quiero compartirte mis descargas de adrenalina. Puedo mostrarte la desnudez de mis ojos ilusionados. Sólo a vos.
Puedo permitirte observar la caída en picada. Puedo fluir frente a vos cuando la desilusión me inunda.
Los memorables y lamentables momentos a los que otros no tienen acceso.
Quiero expresarte mi amor por aquella novela vieja, quiero ver como mis poemas favoritos calan en tu espíritu. Quiero ver un antes, un después. Que tu perspectiva gire, y vuelva a girar. Que nunca sea inerte.
Quiero que me odies cuando entiendas mis intenciones, que dejes de aferrarte al desconcierto y a la negación. Que te dejes arrastrar por la luz, por una charla con té de manzanilla muy azucarado.
Quiero que asientes tu frente en mi hombro y me digas que estoy equivocada.
Quiero que tengamos posturas distintas.
Quiero que alimentes el impulso de guerra de mi espíritu.

Quiero verte avanzar a la velocidad de la luz.


Perséfone

Amarre

Amarre
Sus ganas de vivir se habían topado con un límite. Cuando se miraba en el espejo podía percibir cuánto peso había perdido y unas ojeras prominentes. Los demás no exageraban cuando le decían que estaba hecho huesos, que pronto se volvería polvo.
Todo ese enojo que le rebasaba el cuerpo no podía ser expresado porque simplemente no tenía energía.
Su vida se había transformado en un incierto mirando al techo, sin voluntad para buscar la luz. El tele siempre prendido generando ese ambiente azulado.
Cuando no pensaba en sus pocas ansias de vivir pensaba en Carla.
Por alguna razón se había arrepentido de dejarla atrás y continuar su vida con otra mujer.
Volvía a aquel portón despintado con sus iniciales de blanco y tocaba frenéticamente hasta que Carla le habría.
Cuando sus amigos lo alentaban a salir por ahí, terminaba de vuelta bajo un poste de luz titilando de amarillo y aquel portón despintado.
Carla lo recibía con sus brazos abiertos, pero notaba que últimamente su expresión se había ensombrecido, algo la preocupaba, y la alejaba de él.

Un día encontró un extraño atado debajo de su cama, tenia elementos tanto extraños como asquerosos. Decidió tirarlo a la basura.
Después buscó a Carla, le comentó de aquella cosa extraña, y mientras mirada el perfil de Carla algo perdido pensó e Alba.
Una angustia se apoderé de su pecho.
Sus ganas de vivir se habían topado con un limite. Cuando no pensaba en sus pocas ansias de vivir pensaba en Alba.

Perséfone

Para alguien a quien admiro

Adoro como juega, usted, parece tener tantos rincones recónditos.
Me encanta como sonríe, usted, figúrese que el fuego de admiración ha nacido en mi gracias a su existencia.
Se que le gusta leer libros, usted. Debería quizás ceder al sentimentalismo de un drama con final triste.
Rodearnos de letras hizo que nuestras vidas tengan un punto de convergencia.
En medio de una reflexión sobre autores catastróficos, me ha contado de sus días contados en tono de broma. Usted, no entiende mi mirada esquiva.
Guardarse sus lágrimas hace menos pesada la carga de un cáncer que retorna por segunda vez, o de recuerdos de fantasmas de carne y hueso apropiándose,  desgarrando su cuerpo.
Se ríe mientras piensa, usted,  en aquella que le privó de calidez, de aquel que la dejó a su merced.
Se que le gusta leer libros a usted, que su capacidad de entender teorías lingüísticas no es algo que le cueste. Que recuerda una novela textualmente con solo leerla y que admira la poesía echa melodía.
Se que no le cuesta reírse de las desgracias a usted, si, pero se que si le cuesta romper en llanto y permitirse vulnerabilidad.

Creo que comprende, usted (Que ha virado la mirada hacia otro lado), que no soy capaz de prescindir de mi esencia, que a veces no acepto lo inevitable y que lloraré por ambos.


Perséfone,

Final

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