Al señor Blanc le gusta que lo llamen por su apellido, sus dos nombres parecen ser la fehaciente prueba del desdén de sus padres.
Le gusta fumar mirando por una amplia ventana. A veces le parece chocante el contraste entre le verde jardín que tiene en frente y ese humo gris que emana de el.
Entrecierra los ojos y piensa que ese cigarro es como él; Gris, abrasivo, y carcome almas.
Después piensa en el producto de su tormento con Evelia; Maria, a quien no comprende.
Han pasado años desde que el ultimo golpe de deshumanizaron lo tomo por sorpresa , reemplazando su aficcion por la escultura, por una proporción considerable de botellas vacías y diarios secretos de Evelia.
Evelia enumeraba las razones por las cuales amaba a un tal Leonardo, y las razones por las cuales ese amor no era tan valioso como para entregar su estabilidad y el ultimo cacho de cordura que le quedaba. Evelia consideraba que el toxico cigarrillo de Blanc era mejor que una cajita de incertidumbre con cubierta de chocolate.
Blanc soplaba su resentimiento sobre el jardín de Maria, que miraba de vez en cuando a la ventana de su padre, topándose con su mirada esquiva. Él no parece dueño de ese lugar.
Parece un intruso.
Maria a veces pensaba invitarlo a ver las violetas, pero ambos sabia... Las flores y ella necesitaban algo más. Las pobres violetas morirían, tal como lo hizo Evelia.
Perséfone
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miércoles, 2 de enero de 2019
Cárcel
Mordisqueando la punta de esos alfileres con esferas de colores, tentando la suerte del lado del filo.
Leonel tiene la sensación de haber estado en este lugar antes, en ese limbo de malestar emocional, de molestar-emocional.
Conseguir una llamada es un proceso bastante engorroso. Se debe pasar por distintas etapas. Se debe burlar la mirada de los de uniforme azul. Encontrar la hora precisa, contar los minutos.
Todo para toparse con una negativa del otro lado del teléfono.
¿Cuando te das cuenta de que tus afectos no son tus afectos? ¿Cuando estos se toman la libertad de estallar en ira y recriminarte las heridas que les inferiste? O cuando se limitan a asentir en tono de desinterés "ajam", "Mirá" "bajón".
No me llames más Leonel, es una frase ya asimilada, ya masticada. Ya la escuchó varias veces.
Y llega a la conclusión de que para eso está el infierno, lo recluye de tus posibilidades de objetar, de pelear, de argumentar.
Afuera hay personas que no notan la diferencia cuando leonel es metido al agujero por meses cuando su comportamiento es malo.
Hay personas que se han esforzado por desdibujar huellas de no-presencia.
Hay personas que no lo aman, que ni lo odian. Simplemente su existencia no es relevante.
Y no hay peor cosa que el no odio y el no amor.
Es la misma nada. Es el infierno. Es la cárcel misma. Si, es la expiación de tus pecados.
Perséfone.
Perséfone.
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