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miércoles, 2 de enero de 2019

Todo lo que quiero, mientras te quiero

Quiero comentarte mis infortunios, cuando tambaleo en la cuerda de lo dionisíaco.
Quiero compartirte mis descargas de adrenalina. Puedo mostrarte la desnudez de mis ojos ilusionados. Sólo a vos.
Puedo permitirte observar la caída en picada. Puedo fluir frente a vos cuando la desilusión me inunda.
Los memorables y lamentables momentos a los que otros no tienen acceso.
Quiero expresarte mi amor por aquella novela vieja, quiero ver como mis poemas favoritos calan en tu espíritu. Quiero ver un antes, un después. Que tu perspectiva gire, y vuelva a girar. Que nunca sea inerte.
Quiero que me odies cuando entiendas mis intenciones, que dejes de aferrarte al desconcierto y a la negación. Que te dejes arrastrar por la luz, por una charla con té de manzanilla muy azucarado.
Quiero que asientes tu frente en mi hombro y me digas que estoy equivocada.
Quiero que tengamos posturas distintas.
Quiero que alimentes el impulso de guerra de mi espíritu.

Quiero verte avanzar a la velocidad de la luz.


Perséfone

Para alguien a quien admiro

Adoro como juega, usted, parece tener tantos rincones recónditos.
Me encanta como sonríe, usted, figúrese que el fuego de admiración ha nacido en mi gracias a su existencia.
Se que le gusta leer libros, usted. Debería quizás ceder al sentimentalismo de un drama con final triste.
Rodearnos de letras hizo que nuestras vidas tengan un punto de convergencia.
En medio de una reflexión sobre autores catastróficos, me ha contado de sus días contados en tono de broma. Usted, no entiende mi mirada esquiva.
Guardarse sus lágrimas hace menos pesada la carga de un cáncer que retorna por segunda vez, o de recuerdos de fantasmas de carne y hueso apropiándose,  desgarrando su cuerpo.
Se ríe mientras piensa, usted,  en aquella que le privó de calidez, de aquel que la dejó a su merced.
Se que le gusta leer libros a usted, que su capacidad de entender teorías lingüísticas no es algo que le cueste. Que recuerda una novela textualmente con solo leerla y que admira la poesía echa melodía.
Se que no le cuesta reírse de las desgracias a usted, si, pero se que si le cuesta romper en llanto y permitirse vulnerabilidad.

Creo que comprende, usted (Que ha virado la mirada hacia otro lado), que no soy capaz de prescindir de mi esencia, que a veces no acepto lo inevitable y que lloraré por ambos.


Perséfone,

Final

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