miércoles, 2 de enero de 2019

Marcos quiere ser Orquesta

Una hoja no leída de un libro no comprado, el reemplazo de letras por imágenes en movimiento y el spoiler de un momento de su vida.
Convencido de que está hecho para algo más en la vida que dedicarse a ser un académico viviendo en su cajita de cartón.
“Oceans rises empires falls”, suena en su tablet asentada en la gran mesa cuadrada obediente conforme a los códigos de protocolo empresarial.
El café amargo al lado, más azúcar, necesita más azúcar.
Y el no va a dejar de lado su oportunidad, su shot, su shoot. Al blanco, circulito rojo y blanco.
Y hay una sensación de cambio en el aire en la calle.
Hay revolución alrededor? Es hora de elegir un lado. El que más le acomode, y que le aproveche.
¿Como un hombre obsesionado con su propio legado puede ser buena persona? En efecto el no lo es. Por eso le gusta la obra musical Hamilton, de Manuel Miranda. El grado de identificación con la insatisfacción ha llegado a su clímax.
El orden de prioridades es subjetivo, está sujeto a cada realidad. Por cada realidad hay un universo alterno.
Quizás todo pasó cuando le dijeron que su voz era solo era sonido de fondo. Ni siquiera musicalización.

Marcos quiere ser orquesta.

Perséfone.

Hugo Humildad

La pobreza la entiende el que pasó hambre. La desesperación después de pasados días sin poder comer un pedazo de pan.
Cuando era chico, Hugo se consideraba afortunado y dueño de muchas riquezas cuando podía tomar algo de sopa. Generalmente un poco de mate cocido y pan duro era su almuerzo.
Su viejita tenía cuatro hijos, solo a dos pudo mandarlos al colegio, entre esos él y Catia. Los más grandes salían a trabajar.
Sus mochilas eran unas bolsas de plástico transparente, que de vez en cuando obtenían cuando compraban del "kiosco", o sacaban fiado.
Hugo terminados sus estudios como maestro de primaria, caminaba horas para llegar a una escuela en medio de la nada. Pero podía comer con variedad, polenta con salsa, estofado, carne de vez en cuando, un lujo que lo hacía sentir pretencioso y despilfarrador.
Con su guardapolvo blanco inmaculado, trabajó hasta que lo trasladaron al centro.
En la primaria privada donde dió luego clases algunos niños fácilmente tiraban alguna galleta que no les hacía gracia, les gustaba competir por el tamaño de sus mochilas, o lo coloridos que eran sus útiles.

Hugo no pensó que una anécdota de su infancia pudiera llegar a calar profundo en alguno de aquellos niños, que al crecer lo recordaría con nostalgia, entendimiento y pasaba también por hambre.

Perséfone

Cartas a Carlos

Guantes blancos
Tacón chupete, moños exuberantes.
Él venía de brasil. Era infantil e impresionable.
Que pestañas tan largas, ojos miel. Que tan ingenuo eras y que tan pícaro fingías ser.
No pretendía ser experimentada, solo había leído en teoría, había observado maneras de querer.
No eres mi prioridad,no espero a que vuelvas a la misma hora. No me la paso sentada tratando de estudiar, mientras nos escapábamos por el centro y a dar vueltas en los colectivos en mi imaginación mil veces.
Los caramelos violeta que me trajiste de tu viaje a Francia los como de a pedazos pequeños, porque no quiero que desaparezcan, porque no me diste alguna otra cosa para que te recordase.
Tres meses se hacen un infierno.

Viendo que no piensas volver todavía te cuento que me accidente hoy en el laboratorio. Tengo que esperarte en la estación a las 7 el día 12 de octubre, entonces.
No estoy ansiosa, no te pienses importante.
Yo puedo sola, me gusta estar sola.
Pero si puedo decirte que acá los jazmines del cielo huelen fantástico y está como para recoger naranjas en la finca de Cristina.


 Carta 1


Se que te dije que me regalaras otra cosa, pero una cajita musical con la pieza “Para Elisa” no es muy original, Carlos.
Hoy voy al club; realmente cuando te conocí perdí los ánimos de hacer sociales, cacho me regaló un vestido de moda, dice que se usan en Francia.
Pienso que mi altura no me favorece, es bueno que seas mucho más alto que yo, así no me avergüenzo de usar tacos al lado tuyo.

Los delantales son tan sosos, pero me ayudan a no pensar mucho que usar a diario.
Los estudios son tan tediosos como necesarios.
Creo que empiezo a tenerle cariño a la melodía de Beethoven, quizás soy demasiado dura dando mi opinión, joder, soy demasiado sincera, no puedo evitarlo Carlos. Pero es que hay cosas que se tornan cliché con el pasar de los años.



Carta 2


Creí verte hoy por ciudad universitaria, me dio un vuelco al corazón y después racionalice las posibilidades de que estuvieras por acá, eran nulas.
¿Todavía estás negociando con tus hermanos? Te queda poco para recibirte.
Te envidio en parte, yo tengo que ver de donde saco todos los aparatos de la carrera que elegí.
Estuve pensando ir a brasil para hacer unas mini vacaciones sin contarle claro a mi mamá.

Como quieres que te quiera, si no estas aquí, como quieres que te quiera si ni te das a mi.
Y mi corazón me grita, me aprisiona sin querer
Como quieras que te quiera si no te tengo aquí, como quieres que te quiera tan lejos ya de mi.
Estos días ando aficionada al flamenco, me cambié de departamento, ya no puedo compartir con Sandra, sinceramente la quiero pero chocamos bastante.
Yo viviré, cantando las estrellas por el día que
Yo, yo, soñaré, que la vida me entrega lo que tuve ayer.
Este tercer mes se está haciendo insoportable.
Se que mi personalidad no me lo permite, y te confieso que es la primera vez que me pasa.
Pero necesito ver tu cara, Carlos.

Carta 3

Me dio risa la cara de cielo cuando le dije que también me gustaba Juan, pero eso ya es pasado, Ahora estás vos en mi vida, ¿No? Ya veremos por cuanto tiempo.
Confío que Cielo no le va a contar nada a mi mamá, ella esta de mi lado desde el momento cero, hasta vino aquí para acompañarme y vio mi forma de vida, aunque ella no está de acuerdo claro, me ayuda. Peor vos viste, te conté como era cielo, mustia, calmada, sumisa y apegada a doctrinas morales en desuso.

Aún así confío en la capacidad de Cielo de quedarse callada.




Continua.

Perséfone

Cárcel

Mordisqueando la punta de esos alfileres con esferas de colores, tentando la suerte del lado del filo.
Leonel tiene la sensación de haber estado en este lugar antes, en ese limbo de malestar emocional, de molestar-emocional.
Conseguir una llamada es un proceso bastante engorroso. Se debe pasar por distintas etapas. Se debe burlar la mirada de los de uniforme azul. Encontrar la hora precisa, contar los minutos.
Todo para toparse con una negativa del otro lado del teléfono.
¿Cuando te das cuenta de que tus afectos no son tus afectos? ¿Cuando estos se toman la libertad de estallar en ira y recriminarte las heridas que les inferiste? O cuando se limitan a asentir en tono de desinterés "ajam", "Mirá" "bajón".
No me llames más Leonel, es una frase ya asimilada, ya masticada. Ya la escuchó varias veces.
Y llega a la conclusión de que para eso está el infierno, lo recluye de tus posibilidades de objetar, de pelear, de argumentar.
Afuera hay personas que no notan la diferencia cuando leonel es metido al agujero por meses cuando su comportamiento es malo.
Hay personas que se han esforzado por desdibujar huellas de no-presencia.
Hay personas que no lo aman, que ni lo odian. Simplemente su existencia no es relevante.
Y no hay peor cosa que el no odio y el no amor.

Es la misma nada. Es el infierno. Es la cárcel misma. Si, es la expiación de tus pecados.

Perséfone.

Algo


Te sientas en esa silla con funda de velvet (terciopelo), de vuelta, tu charla banal gira, de vuelta.
No me mires a los ojos y mientas otra vez, estoy cansada de estar sola.
El punto frágil toqué, te sentiste acorralado otra vez. Abres los ojos de par en par, de par en par, no puedo respirar.
El dominó otra vez, tus pasos memoricé, gaslight, gaslight. Estoy harta de estar sola.
Yo no sabia de tu "algo". Puedo ver claramente, es un "algo".
Podré tener pruebas o no, podrás tener coartada o no, pero tu "nada" es "algo". Algo.
Me acuerdo la primera vez, seguí tu camino y tropecé, quizás yo fui la que se equivocó, no me gustó lo que vi.
Estás temblando otra vez, te enojarás y cederé. Abres los ojos de par en par, de par en par ¿Por qué te ocultas?
Yo ya sabía de tu "algo". Aunque no me lo digan, hay un "algo".
Subí hasta el piso 22, desenfundaste, estaba vulnerable. Disparaste por última vez, no puedo sangrar.

Estoy cayendo del piso 22, el 22 es el número del loco. Estoy cayendo, me duele el corazón.
Estoy cayendo del piso 22, puedo verte en la cima, como pudiste empujarme, ¿Cómo pudiste empujarme?

Perséfone.

Gael y sus números

Gael estuvo sentado por más de tres horas, cuarenta y siete minutos y dieciséis segundos, bajo un poste con una luz tintineante.
Son las nueve de la noche en la cuadra once, del barrio trece, de la ciudad cuatro, del país cincuenta y cinco, del planeta tres de la galaxia veintinueve. Es el universo 3.680.970 de la mente del dios número tres del panteón seis de la imaginación de alguien más.
Gael es persona 18.650.560 por infinito.
Gael juega con un anillo de acero quirúrgico en su dedo anular, regalado por su tercera madre, primera esposa de su único padre.
Mira su cuarto par de zapatillas compradas por él mismo, elegidas por su segunda novia. Ella lo espera en el primer bar de la esquina tres del centro, contando desde la fiambrera "La Estelita".
Ella está pidiendo un segundo vaso de licuado de banana con leche. Esperando una llegada, dos besos, un abrazo, una mano áspera y tres palmadas en la cabeza.
Todo mientras él espera que salga su primera novia (Primer ex novia,  primer beso, primer abrazo, primer caricia, primer amor), de la casa de enfrente.
Algo le sugiere una última visita, una última pelea, una última palabra, un último adiós.
Un último llanto, una última punzada, una última lágrima, última decepción, una última entrega.
El último amor no correspondido para él. El primer amor no correspondido para alguien más sentada en un café del centro.


Perséfone.

Es por eso que Violeta elige a Teo

Si bien Teo superficialmente es distante y no sonríe con facilidad;
Teo se levanta todas las mañanas, verifica que Violeta esté bien de salud y después riega su pequeña huerta. Prepara su desayuno y escribe a Violeta algún pronóstico del clima.
Teo no entiende la mayor parte del tiempo a Violeta. Cuando le preguntan porqué la ama, él responde: "No lo sé", en efecto no lo sabe.
Violeta sabe que Teo la escucha atentamente cuando le cuenta aquellas anécdotas sin ton ni son. Violeta ama cuando Teo gesticula imaginando el mundo de ficción del que le comenta. Donde Violeta ve una criatura mitológica, Teo ve una figura geométrica compleja. Ambos unen lo que ven y forman hipotéticas historias.
Si bien Teo no está interesado particularmente en la literatura, abre los ojos con sus poemas favoritos, intenta comprenderlos, llegar a ellos. Porque a la que quiere llegar es a Violeta.
Teo acurruca a Violeta cuando se empecina en sus malestares, pasa sus grandes manos en sus cabellos, le besa la frente. Teo no emite ni un sonido cuando Violeta está desmoronada. Conoce a Violeta, si quiere consejos, él los formulará con ferviente seriedad. Si no los quiere, callará hasta que la ira de Violeta alcance a calmar.
Teo llora en la falda de Violeta cuando la presión se hace insoportable. Violeta lo abraza contra su pecho, Violeta abraza su bondad. Violeta abraza su inocencia. Violeta abraza sus errores.
Teo se permite ser vulnerable con Violeta, se permite contarle los puntos de fuga en su ego, se permite decir con sinceridad cuando algo lo pone ansioso. Teo puede ver la sombra de malicia de Violeta, Teo puede ser la sensibilidad infantil de Violeta.  Teo llegó amar al ying yang completo.
Teo observa bailar a violeta de formas muy extrañas, se divierte con eso, se une a eso.
Violeta, que puede ver defectos en ambos,  elimina las incertidumbres cuando encuentra ese preciso momento en que Teo mira al paisaje y respira profundo. Cuando Teo ama vivir, cuando Teo elige ser humano delante de ella, cuando lo atrapa mirándola de reojo, cuando puede ser ella misma delante de él.
Violeta sabe de mentiras, Violeta sabe de amores torrenciosos, porque “Ella fue y volvió, del infierno del terror”. Violeta podría elegir Borrascosas, fantasmas, demonios interesantes. Ansió toda su vida un melodrama digno de un épico final.
Violeta elige la tranquilidad, la serenidad de una taza de café sobre una mesa vieja y un mantel plastificado. Una mano tibia apoyándose en su mejilla. Pupilas dilatadas y sinceras. Un chocolate comprado con mucho esfuerzo. Una sonrisa cómplice después de una frase sin sentido.
Cuando le preguntan por qué elige a Teo, Violeta intenta desesperadamente justificarse. Finalmente se rinde. Es por todo eso, es por nada en particular. No lo sabe, no hay razón.
Es por eso que Violeta elige a Teo.

Perséfone.

Final

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